Sentí muy fuerte su ausencia y su mirada. Me daba miedo. Pero siempre tenía ganas de abrazarla.
Curioso que después de tantos años recordé la navidad que pasamos en su casa, ella en la puerta viendo como jugabamos. Yo no se por qué nunca le pedí que jugara con nosotros. Quizá porque sentía que se iba a caer y lo único que le quedaría, sería esa enorme joroba que cargaba día a día. Era niña entonces y no entendía todo lo que ella guardaba en su espalda.
Y en realidad aún no lo entiendo...

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